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Otro día, no pareciéndome estar allí seguro, fuime a un lugar que llaman Maqueda,
adonde me toparon mis pecados con un clérigo, que, llegando a pedir limosna, me preguntó
si sabía ayudar a misa. Yo dije que sí, como era verdad; que, aunque maltratado, mil cosas
buenas me mostró el pecador del ciego, y una de ellas fue ésta. Finalmente, el clérigo me
recibió por suyo.
Otro día, no pareciéndome estar allí seguro, fuime a un lugar que llaman Maqueda,
adonde me toparon mis pecados con un clérigo, que, llegando a pedir limosna, me preguntó
si sabía ayudar a misa. Yo dije que sí, como era verdad; que, aunque maltratado, mil cosas
buenas me mostró el pecador del ciego, y una de ellas fue ésta. Finalmente, el clérigo me
recibió por suyo.
Otro día, no pareciéndome estar allí seguro, fuime a un lugar que llaman Maqueda,
adonde me toparon mis pecados con un clérigo, que, llegando a pedir limosna, me preguntó
si sabía ayudar a misa. Yo dije que sí, como era verdad; que, aunque maltratado, mil cosas
buenas me mostró el pecador del ciego, y una de ellas fue ésta. Finalmente, el clérigo me
recibió por suyo.
Escapé del trueno y di en el relámpago, porque era el ciego para con éste un Alejandro Magno, con ser la misma avaricia, como he contado. No digo más, sino que toda la lacería del mundo estaba encerrada en éste: no sé si de su cosecha era o lo había anejado con el hábito de clerecía.
Otro día, no pareciéndome estar allí seguro, fuime a un lugar que llaman Maqueda,
adonde me toparon mis pecados con un clérigo, que, llegando a pedir limosna, me preguntó
si sabía ayudar a misa. Yo dije que sí, como era verdad; que, aunque maltratado, mil cosas
buenas me mostró el pecador del ciego, y una de ellas fue ésta. Finalmente, el clérigo me
recibió por suyo.
Otro día, no pareciéndome estar allí seguro, fuime a un lugar que llaman Maqueda,
adonde me toparon mis pecados con un clérigo, que, llegando a pedir limosna, me preguntó
si sabía ayudar a misa. Yo dije que sí, como era verdad; que, aunque maltratado, mil cosas
buenas me mostró el pecador del ciego, y una de ellas fue ésta. Finalmente, el clérigo me
recibió por suyo.
Otro día, no pareciéndome estar allí seguro, fuime a un lugar que llaman Maqueda,
adonde me toparon mis pecados con un clérigo, que, llegando a pedir limosna, me preguntó
si sabía ayudar a misa. Yo dije que sí, como era verdad; que, aunque maltratado, mil cosas
buenas me mostró el pecador del ciego, y una de ellas fue ésta. Finalmente, el clérigo me
recibió por suyo.
Otro día, no pareciéndome estar allí seguro, fuime a un lugar que llaman Maqueda,
adonde me toparon mis pecados con un clérigo, que, llegando a pedir limosna, me preguntó
si sabía ayudar a misa. Yo dije que sí, como era verdad; que, aunque maltratado, mil cosas
buenas me mostró el pecador del ciego, y una de ellas fue ésta. Finalmente, el clérigo me
recibió por suyo.